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«Tom se dijo que quizá se trataba de celos. Diríase que Marge sabía que Dickie y él se sentían más unidos de lo que ella jamás lograría con Dickie, solamente porque él, Tom, era hombre también, y lo mismo hubiese sucedido aunque Dickie la amase, cosa que no correspondía a la realidad»

Patricia Highsmith es una de las escritoras de novela policíaca y negra más reconocidas del siglo XX. Aunque nacida en Estados Unidos en 1.921, pasó la mayor parte de su vida en Suiza, casi siempre en solitario. Sus escritos suelen estar relacionados con personajes que sufren algún tipo de anormalidad emocional, como es el caso de su más conocido protagonista, el amoral y calculador Tom Ripley.

El talento de Mr. Ripley, escrita en 1.955, es la primera novela en la que aparece este complejo personaje. Tom es un joven norteamericano que vive humildemente, en el límite de la ley, aunque se finge muy culto y educado, algo así como un caballero caído en desgracia. Vive de lo que consigue sacarle a su tía Dottie, la mujer que le crió tras la muerte de sus padres (y que parece ser, en parte, la responsable de la anormal conducta del joven, ya que en cierto modo parece que Tom aún vive algo atormentado por la crueldad y severidad de su tía), y también saca algo de dinero a partir de ciertas estafas que se ha arreglado para llevar a cabo.

Justo cuando Tom cree, paranoico, que la policía va a localizarle y a encarcelarle, un anciano millonario llamado Herbert Greenleaf contacta con Tom. El anciano empresario es padre de un antiguo conocido de Tom, el bohemio y seguro de sí mismo Richard Greenleaf, que se marchó a Italia para convertirse en pintor y huir de sus padres, que quieren que continúe con la empresa familiar. Herbert decide pagar a Tom un viaje a Italia para que intente convencer a Dickie para que vuelva a casa, y Tom, viendo unos meses de gastos pagados por delante y la posibilidad de huir de una probable investigación policial, finge mostrar el máximo interés para viajar a Italia.

En Italia, Tom queda fascinado por el carácter arrollador del joven Greenleaf, que vive en Mongibello en una bonita casa, a costa de los cheques que le envía mensualmente su padre. En ese pueblo también vive una bohemia norteamericana, Marge, que es amiga de Dickie y que parece querer aspirar a algo más con él.

Tom y Dickie se harán amigos enseguida, y se dedicarán a viajar juntos, a irse de juerga y a divertirse como si fueran colegas de toda la vida; por eso, Marge empieza a ver con malos ojos a Tom, ya que ve cómo aleja a Dickie de sí misma. Marge empieza a insinuarle a Dickie que tal vez Tom sea homosexual y esté enamorado de él (algo que, en la época que se narra, estaba horriblemente mal visto), para predisponer a Dickie en contra de Tom. Y parece dar resultado, ya que de repente Dickie empieza de nuevo a alejarse de Tom, para acercarse más a Marge. A Tom le humilla enormemente sentirse desplazado y apartado, y empieza a enfurecerse; y cuando Herbert deja de pagarle dietas a Tom, y además Dickie le insta a marcharse de su casa, Tom se siente insoportablemente abandonado. Tiene que hacer algo, rápido; o tendrá que volver a su triste vida en Nueva York, donde no es nadie ni le importa a nadie, y eso no puede permitirlo ahora que se siente tan bien consigo mismo...

Esta novela me ha dejado un sabor de boca extraño. Hay cosas que me han gustado mucho, como la construcción del personaje de Tom Ripley y la atmósfera asfixiante de toda la novela. Sin embargo, la prosa en sí misma se me ha hecho pesada; no es que sea difícil de leer (al contrario, es una prosa fácil), sino que el efecto general es de cierta lentitud. Durante mucho tiempo me daba la sensación de leer y leer sin que sucediera nada, y luego de repente se agolpaban un montón de acontecimientos en unas pocas páginas. Digamos que el ritmo no me ha gustado para nada.

En definitiva, me he llevado una pequeña decepción con esta novela. Supongo que es lo malo de que te la pinten como una obra excepcional: que esperas mucho más de lo que luego realmente te encuentras. No es que me parezca una mala novela, en absoluto; es sólo que, simplemente, no la encuentro tan buena como dicen que es.

Un besote